Botera. Una tipografía con sabor a vino.

Website http://www.javimontoya.es/

Dirección del proyecto http://www.javimontoya.es/botera 

Título obtenido Título Superior en Diseño de la Especialidad de Diseño Gráfico

Escuela de Arte José Nogué de Jaén (España).

Tutor Virginia Rodríguez. 

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Botera. 

Una tipografía con sabor a vino.

Botera es un proyecto tipográfico que parte de las raíces de un lugar, Valdepeñas (Ciudad Real, España) y su patrimonio vinícola. La enología y la tipografía hablan el mismo lenguaje, el de las sutilezas y entendiendo el tiempo de la misma manera.

Es el continente de las características de estos caldos depositarios del saber hacer decantado por la tradición y las nuevas aportaciones. Conjugando la herencia y los sabores, aromas, contraste y cuerpo que hacen tan reconocibles los vinos de esta zona.

Al leer textos en Botera no sólo usamos un tipo de letra sino que ponemos a manos del usuario un patrimonio originario de un lugar y consecuente con sus raíces. 

Botera es un proyecto tipográfico que parte de las raíces de un lugar, Valdepeñas (Ciudad Real, España) y su patrimonio vinícola. La enología y la tipografía hablan el mismo lenguaje el de las sutilezas, por este motivo no son tan distantes y tienen lazos de comprensión entre ambas. Botera es como el vino, la podemos usar todos los días o reservar para ocasiones especiales. Es el continente de las características de estos caldos depositarios del saber hacer decantado por la tradición y las nuevas aportaciones. Conjugando la herencia y los sabores, aromas, contraste y cuerpo que hacen tan reconocibles los vinos de esta zona.

Botera nace de la reflexión de por qué las tipografías usadas en este campo tienden a cumplir unos patrones tipográficos entre los que encontramos, caligráficas, serifas tradicionales u ornamentales, a modo general aunque siempre existen algunas excepciones. Pero por qué no crear una tipografía donde la forma siga la función, puesto que la enología y la tipografía hablan el mismo lenguaje traduciendo el mundo del vino a códigos gráficos destinados a generar un compendio alfabético.

Dicha tipografía consta de dos pesos: Regular y Stencil. Esta decisión y muchas otras se han llevado a cabo a partir de la investigación realizada en el mundo vinícola de Valdepeñas, trufando acontecimientos importantes en su historia y coetáneos a la historia de la tipografía, haciendo que cada una de sus formas tenga un porqué y estén relacionados entre ellos. Al leer textos en Botera no sólo usamos un tipo de letra sino que ponemos a manos del usuario un patrimonio originario de un lugar y consecuente con sus raíces. 

[ Justificación ] 

Botera parte de la necesidad de crear una tipografía adaptada a las características de los vinos de Valdepeñas, estos caldos de gran tradición y reconocimiento histórico, cuya comunicación –como muchos otros ejemplos– se apoya en tipografías caligráficas y ornamentales, que poco o nada tienen que ver con las connotaciones y características del vino, en respuesta a ello surge la hipótesis de por qué no crear una tipografía que muestre los rasgos característicos de esta bebida valdepeñera, donde la forma surja de la función. Es sabido que nuestro territorio no ha sido un gran productor de tipografías, como nuestros países vecinos que han sido grandes emergentes tipográficos, tal vez este sea uno de los motivos por los que siempre se recurre a unos patrones establecidos en la memoria colectiva de la sociedad. Pero bien es cierto que se han recuperado algunas tipografías españolas como la Ibarra Real.

En este punto cabe pensar que a priori al tratarse del vino la disciplina de diseño gráfico a la que se relacionaría sería al packaging, pero realmente este proyecto quiere ahondar en las cuestiones tipográficas, en el concepto del vino y hablar de la misma forma que él. Así como en los matices que son capaces de transmitir nuestros caracteres y códigos visuales. Y es que el mundo de la tipografía no dista tanto del mundo de la enología, son pequeñas sutilezas, matices que tienen lazos de comprensión entre una y otra. 

Por este motivo nace Botera, el vino de Valdepeñas tiene características generales y cada bodega sus características propias, pero en este punto y dado su desarrollo histórico hasta la actualidad se ha tomado de referente la bodega de Corcovo, ya que es el ejemplo entre la tradición y la visión actual de este caldo. Esto no es excluyente del resto de vinos ya que se han tomado características genéricas enológicas de esta bebida para poder representarlo de la forma más coherente en cada uno del compendio tipográfico. Investigado todo el entorno que configura el marco vinícola de Valdepeñas se han tomado decisiones que darán lugar a la forma gráfica que caracteriza Botera. 

[ Valoración crítica ] 

Este proyecto surge de la necesidad de renovar unos patrones tipográficos relacionados con los productos vinícolas que poco o nada tienen que ver con el propio caldo. Por este motivo se decide crear una tipografía coherente y consecuente con su entorno. Bien es cierto que la enología es una materia complicada y desconocida para mí, por este motivo se ha trabajado de la mano de profesionales, enólogos y sumilleres para poder llevar a cabo este proyecto. 

Botera habla de la misma manera que el vino, trasmite las sutilezas y los matices que sólo quienes están familiarizados con estas dos materias (la enología y la tipografía) pueden valorar concienzudamente la labor desempeñada. 

La forma sigue la función, cada una de las decisiones están apoyadas en la investigación realizada, donde se ha profundizado en la tipografía e indagado en la cultura vinícola y su historia. Conjugar coherencias cronológicas y conceptuales que den formas al compendio tipográfico donde cada uno de los detalles han sido tratados con rigurosidad como un buen vino. 

En claves tipográficas un proyecto de  esta materia suele durar varios meses o años. El tiempo delimitado para el TFE lo convierte en algo ambicioso, por ello ha sido muy importante acotar cada proceso. Este tejido conceptual ha sido muy prolífico y fértil para el mundo del diseño, así como un nutriente campo experimental para la tipografía. Por este motivo se abren futuras líneas de investigación que permitan desarrollar otros proyectos que complementen la familia Botera, un peso Light que corresponda al vino Joven, Bold para el Reserva o una Extra-Bold para Gran Reserva, atendiendo a las premisas del tiempo en barrica relacionadas con el peso del tipo. Así como desarrollar otra vertiente para los vinos blancos y rosados.

Botera, no pretende ser una mera tipografía, tiene como objetivo principal unir el patrimonio local y conocimientos sobre tipografía ante la necesidad de compartirlos en un momento de dispersión y profusión creativa como el actual. Además pone en valor la herencia de Valdepeñas al usar esta tipo. 

[ Conclusión ] 

En un mundo estándar donde todo puede ser reproducido, el lujo pasa por experimentar la singularidad del paisaje: la tierra, el sol, el agua, la vegetación… que son únicos e intransferibles, por eso valoramos la leche, el agua y el vino con un sentido antropológico. Esta ideología gesta posturas como la neoruralización del siglo XXI siendo los nuevos hábitos de consumo y de producción. Se mima la producción y se cuida la calidad. Llegados a este punto y donde el diseño está al servicio de la sociedad y se sirve de él para comunicar. El papel del diseño gráfico debe cuestionarse que camino escoger si hacia las formas carentes de función, en las que las formas ya no significan, ni significarán para lo que fueron concebidas, como un mero artífice de formas estéticas que apelen al sentido de lo bello pero carentes de contenido y de concepto. O por el contrario una postura donde la máxima sea la comunicación en todos sus sentidos, en el que el ordenador debe ser tomado como una herramienta y no como un fin, volver a los orígenes en el sentido amplio de esta idea construir donde la forma siga la función y ahí será donde el diseño gráfico será una herramienta al uso de la sociedad para poder preservar patrimonios como es este caso concreto o defender ideas. El diseño gráfico debe dar un giro de timón y volver al concepto de comunicación, en el que se nutre de su entorno.

El vino está en el aire, en la tierra, en la mesa, en la vida, en la historia y en la cultura de Valdepeñas.